SOMOS NUESTRAS ELECCIONES

 

Una frase de Sartre afirmaba que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros, vale decir, somos aquello que seamos capaces de hacer con nosotros mismos.

Darse cuenta que somos -hoy, en presente- la consecuencia de las elecciones de ayer, es el primer paso para poder elegir en libertad y responsabilidad.

Solemos buscar en el pasado las causas que nos expliquen en el presente y eso muchas veces nos ayuda a entender por qué estamos en el lugar en el que estamos.

Sin embargo, es necesario, también, encontrar un punto de quiebre y asumir que todo parte de nosotros, de lo que seamos capaces de hacer con nosotros mismos.

Puede que nos dañen, que nos falten el respeto, que nos sucedan cosas lastimosas, pero es importante comprender que -antes que nada- lo que nos daña, mucho más que lo que nos sucede, es el consentimiento que le prestamos a eso que nos sucede.

Es decir, asumir que somos la consecuencia de las elecciones que hicimos, es también tomar consciencia del poder transformador que podemos tener sobre nosotros mismos: todo el tiempo tomamos elecciones que van a determinar el futuro; de nosotros depende decidir qué elecciones tomar en cada momento presente.

Entendernos como causa de nosotros mismos, implica asumir las riendas de nuestra vida, tomar la iniciativa sabiendo que no nos va a pasar nada que no seamos capaces de crear.

Esto es reconocer nuestra responsabilidad en hacer que las cosas sucedan, ocuparnos de nosotros mismos, lo cual es asumir la libertad que nos fue dada y la responsabilidad por las consecuencias de nuestras decisiones.

Es corrernos de los lugares que nos victimizan para ser responsables de nosotros mismos, de nuestras elecciones.

Esto implica soltar dos pesos que solemos acarrear: el juicio y la culpa.

Si queremos descubrirnos en nuestra esencia, ser en nuestras potencias, es necesario dejar de pensar -y pensarnos- en términos de bueno y malo, de lo que está bien y de lo que está mal, porque ese sometimiento, a un permanente juicio formateado por los paradigmas que nos han traído hasta acá, nos coloca en un lugar de permanente minusvalía, puesta a prueba, revisión en un juicio de valor que no nos pertenece y que nos deja en manos del observador de turno, que muchas veces es nuestra propia mente.

Es tiempo de cambiar el eje de pensamiento que vincula deber ser con juicio de valor y luego culpa con castigo para construir un circuito más amoroso, más creativo e inspirador en el que sea posible elegir desde el deseo.

Esta conquista de la posibilidad de elegir desde quienes somos, en plena aceptación de todas nuestras facetas, nos convierte en autores de decisiones adultas en las cuales la libertad siempre va acompañada de la plena responsabilidad sobre las consecuencias de nuestros actos.

Si asumimos el coraje de hacernos cargo de las elecciones que podemos hacer en pleno uso de la libertad que nos fue dada, tendremos en nuestras manos el regalo de transformarnos en la causa de nuestra propia inspiración.

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