En muchas ocasiones queremos vender algo que no tenemos para nosotros mismos.
Así, si hablamos de pacificación a la hora de ejercer la abogacía, es necesario, primero, hacer un ejercicio de introspección que nos permita observarnos en nuestras zonas más oscuras.
Nadie puede pacificar desde el propio infierno.
Solo una mirada introspectiva que nos permita vislumbrar nuestras zonas de sombras, miedos, incertidumbres, miserias, nos permitirá cuestionarnos para distinguir las contradicciones que necesitamos resolver, las batallas que no tiene sentido seguir librando y los hábitos que urge abandonar para empezar a vivir bien.
Nadie puede dar lo que no tiene ni generar hacia afuera cambios que no puede implementar puertas adentro.
No es posible promover un cambio de paradigma en la profesión sin haber cuestionado, antes, el propio paradigma personal.
Los cambios son de adentro hacia afuera, desde lo profundo hacia la superficie, desde lo intangible hacia lo palpable..
Si queremos ser protagonistas de un cambio en el modo de abordar el ejercicio de la abogacía necesitamos hacer cosas diferentes a las que veníamos haciendo hasta ahora, de lo contrario -como decía Einstein- seguiremos teniendo idénticos resultados..
Si no nos animamos a empezar por nosotros mismos, por la revisión de nuestras creencias, juicios, mandatos, expectativas no habrá posibilidad alguna de tener pensamientos diferentes que promuevan acciones distintas…
Solo promoviendo un derrumbe de todo aquello que nos daba seguridad, asumiendo el coraje de hacer lugar al vacío necesario para elegir qué qué queremos para nuestras vidas, vamos a tener el espacio suficiente para crear una nueva realidad en nuestras realidades individuales… luego, el resto no será más que una proyección ineludible hacia el afuera circundante…
Corren tiempos de cambio, llegó la hora de hacernos cargo de la responsabilidad de ser artífices de la vida que querremos vivir y de la profesión que deseamos transitar…
No hay otra alternativa más que hacernos cargo de nuestros demonios para, desde una real conexión con la esencia que nos constituye, generarnos -en primer lugar- los cambios que necesitamos ver plasmados en la conjugación de todos los verbos en la primera persona del singular.
Únicamente siendo conscientes de nuestro propio bienestar, en contacto con los recursos para gestionar nuestra conflictividad y haciéndonos cargo de nuestra propia pacificación podremos, luego, dar respuestas diferentes a los conflictos de otros
Decimos que abogar es pacificar porque creemos en una nueva abogacía capaz de ofrecer soluciones..
La consigna es revisarnos en nuestros propios conflictos, en cómo los abordamos, en los recursos que usamos para obtener paz interior, en los cambios que somos capaces de promover y sostener en nuestras propias vidas..
La invitación es a SER la propuesta de cambio que queremos generar en el afuera…