Consensuar es adoptar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes.
El consenso implica acuerdo o conformidad con otro, por eso se vincula el término con la alteridad.
La alteridad es un concepto filosófico que consiste en cambiar el propio pensamiento por el de otro individuo, tomando en cuenta las creencias y conocimientos del otro.
Etimológicamente, el término alteridad es de origen latín “alter” que significa “otro”. Como tal, alteridad es colocarse en posición de otro individuo.
En esto de vincularnos, nos movemos en un devenir entre el acuerdo, el consenso y el disenso.
Hablamos mucho del disenso, de los conflictos y de su gestión pero hablamos poco respecto del modo de generar consensos.
El consenso implica dar un consentimiento para con algo en lo que se está de acuerdo con otro, lo cual tiene por premisa básica que exista sinceridad y claridad en los puntos a acordar y cartas de juego sobre la mesa.
Cuando una de las partes falsea u oculta datos, dice verdades a media, actúa de un modo contrario a lo que proclama, o cambia las bases del juego a mitad de camino, en principio, no está viendo al otro y, en segundo lugar, está induciendo a error en el consentimiento que el otro presta.
Esta incoherencia entre lo que se dice, y lo que realmente se piensa y hace no sólo suele ser el puntapié de un sinfín de malos entendidos y enojos, sino que, además, causa dolor y distanciamiento, ya que esconde una absoluta falta de registro de las emociones ajenas.
Siempre, sea cual fuere la verdad, ésta es la que permite generar consensos en los que no hay fraudes emocionales, en los que ambas partes están hablando de lo mismo desde el conocimiento y respeto de la realidad que ambas viven.
Solo esa base real le permite al otro tener la libertad necesaria para decidir si quiere consentir lo que se expone o no.
De otro modo, cuando se vende una cosa por otra, el consentimiento está viciado por un error de base que dará lugar a una inevitable fase de dolor, enojo, decepción y resentimiento que podría haber sido evitada.
Demás está decir que no es excusa afirmar que no hubo intención de generar esa consecuencia; es hora de tener claro que siempre el falseamiento de datos o circunstancias genera acuerdos viciados que, antes o después, traerán problemas.
Entendernos en la alteridad es la base para dar lugar a un consentimiento en el que realmente se está compartiendo un sentir en libertad, esa que da saber la verdad para elegir en consecuencia y ser responsable de la decisión que se tome.
En los vínculos, como en el Derecho, nadie puede alegar la propia torpeza como excusa ni escudarse detrás de las consecuencias que debieron ser previstas en la preterintencionalidad de la propia acción.
Solo la verdad permite acordar con la libertad necesaria para decidir un consentimiento en el que cada quien es responsable de lo que eligió.