Tos@s hemos escuchado alguna vez, eso de “un divorcio lo hace cualquiera”
Repensar el Derecho interpela a rever las frases que nos atan al viejo paradigma
En principio, es@ cualquiera en cuestión tiene que haberse recibido de abogado/a, lo cual –por más obvio que parezca- en la frase tan remanida hace tirar por la borda -incluso- ese requisito esencial
Solo un abogado/a puede hacer un divorcio
Es verdad que cualquier abogad@ puede realizarlo…tan cierto como que cualquier colega puede firmar cualquier cuestión de cualquier fuero
Pero, podremos realizar la tarea con la suficiente idoneidad en cualquier área? O cada rama tiene sus vericuetos y requiere la especialización del caso?
El Derecho de Familia, por más simple que pueda verse desde afuera, tiene sus particularidades específicas, exige estar capacitad@ para poder estar a la altura de las variables que cada asunto presenta, lo cual implica –a la vez- adquirir conocimientos para lidiar con conflictos que tienen una arista jurídica y otra emocional que se presenta en paralelo, enturbiando la cuestión técnica contemplada por la ley
En las cuestiones de familia hay niños y niñas representad@s por sus progenitores que merecen la intervención de profesionales idóneos especialmente capacitados para asesorar a sus clientes en concordancia con la protección de sus derechos
Un divorcio bien hecho puede ser el principio de una historia de respeto mutuo para compartir la crianza de los hijos en común; un mal divorcio puede ser la gota que rebalsa el vaso para que dos personas que han dejado de entenderse, empeoren la escalada conflictiva
Ser abogado/a de familia implica haber comprendido que un divorcio es un momento de quiebre que debe ser tomado con la seriedad del caso, defendiendo al cliente sin perder la mayor objetividad posible, sabiendo que la escucha es tan imprescindible como la confianza generada y que la habilidad para lograr un acuerdo de cumplimiento efectivo a lo largo del tiempo es infinitamente más valiosa que la capacidad para llevar adelante un juicio de años que –en cuestiones de familia- nunca deja ganadores…