Atardece, los últimos rayos de sol se esconden debajo de un cielo cubierto de nubes y todo es claroscuro con olor a tierra mojada, sonido de teros a lo lejos y bandadas de pájaros danzando en ese mismo cielo.

Suenan los cuencos que acabo de colgar en la galería, India corre con su pelota, me siento, sin darme cuenta, empiezo a cantar una de Ismael, me digo ¨esto se parece mucho a la felicidad¨ y me sonrío, sabiendo que estoy frente al inicio de un nuevo principio.

Entro a buscar la compu, necesito guardar este momento.

Me hago mate, vuelvo a salir, ya es casi de noche y me pongo a escribir.

Quizá la vida sea simplemente este continuo devenir entre finales y principios, claros y oscuros, luces y sombras, ruido y silencio, risas y llanto… algo así como una larga obra de teatro en la que el guión no está escrito y tenemos a nuestra disposición miles de trajes para interpretar el personaje que nos de en ganas… una ininterrumpida sucesión de actos que nos permiten crearnos y recrearnos en una continua búsqueda de nuestra mejor versión…

Tal vez, la consciencia de cada momento presente solo adquiera relevancia si somos capaces de ponernos en pausa para atrevernos a conectar con ese punto de inflexión en el que pasado y futuro se fusionan para mostrarnos qué está en nuestra manos modificar y qué se impone aceptar…

Hoy, vuelvo a tener la certeza -quizá más consciente, aunque repetida- de saber que cada segundo de vida transitada me trajo hasta este lugar, que cada error me abrió la puerta de un nuevo aprendizaje, que cada lágrima me dejó los ojos más limpios para ver con más claridad…

No soy la de ayer ni la de mañana y, sin embargo, soy la integración de todas mis facetas, de mi ser en cada parada de una línea de tiempo que, a veces, se me antoja circular… soy la suma de todo el amor que me habita y de cada enojo que me desgarra, un puzzle sin terminar, una historia sin final…

Oscurece, escucho el silencio, respiro profundo, detengo los dedos, cierro los ojos y agradezco al universo por tanto…

Miro de costado a la niña que fuí, le sonrío, la abrazo y comprendo la perfección de este presente en el que mi alma se empeña en retener lo que ya no existe y mi mente me muestra que no había otro modo de llegar hasta acá…

Vuelvo a cerrar los ojos, la nena que fui me abraza con toda la compasión y el orgullo que yo no se darme, India ladra, se me caen unas lágrimas, el viento hace sonar los cuencos y la hamaca se mueve… lo veo con su sonrisa mirándome, le sonrío, lloro, le pido perdón, nos perdono, siento su abrazo mientras escribo con los ojos cerrados… vienen a mi memoria su casa, el río, los dos siendo fiesta… todo es luz, sonrío y nos agradezco el coraje de habernos atrevido a hacer posible lo imposible…

Hoy se que es hora de seguir el viaje….