Nos educaron en un modelo en el que, para ser queridos –queridas-, había que portarse bien, esforzarse para llegar a las metas que se esperaban de nosotros, nosotras, estudiar, trabajar, formar una pareja heterosexual estable –en lo posible, casarse-, formar una familia tipo, tener una vivienda tipo, un lindo auto, un buen trabajo que nos permitiera tomarnos unas merecidas vacaciones y –en lo posible- ahorrar para asegurarnos la vejez.

Este formato uniforme lleno de expectativas, de exigencias, de metas a las que llegar, de urgencias, trae consigo, por un lado, el pasaporte para formar parte del sistema pero por otro, nos llenó de frustraciones, culpas, estrés, insatisfacción, ansiedad, mal humor, vacío..

Es un formato que no nos mira en nuestras individualidades, que nos deja afuera de nosotros mismos, de nosotras mismas pero que, sin embargo, adoptamos.

Nos dijeron que la felicidad estaba en formar una familia, en ser buena madre, buena esposa, buen padre, buen marido… en ser exitosos, entendiendo al éxito como el resultado económico y reconocimiento social por desarrollar una actividad que no necesariamente representa el ejercicio de los dones que tenemos o el propósito  de vida que –quizá nunca nos animemos a buscar-

Nos dijeron que teníamos que trabajar y ahorrar para cuando fuéramos viejos, aunque en el medio, se nos fuera la vida…

Nos dijeron que la soledad es mala compañera, la palabra sola –solo- se transformó es estigma y salimos a buscar pareja sin tener en cuenta si queríamos tenerla, o qué tipo de vínculo queríamos armar, con quién nos queríamos relacionar…

Nos hicieron encajar en moldes estereotipados en los que ser gorda, fea o vieja era peor visto que ser un asesino serial… y, naturalizamos las dietas, la anorexia, las cirugías, enfrentamos a la ley de gravedad con entrenamientos interminables en los que el disfrute nunca aparecía.

Las mujeres hablamos cosas de mujeres, los hombres cosas de hombres y no logramos entendernos… nosotras aprendimos que no solo hay que serlo sino parecerlo y ellos aprendieron a no llorar…

Y, así estamos…

En un mundo en el que pareciera que nadie está en su lugar, porque todos los lugares parecen –en principio- cortados por la misma tijera..

Está claro que las cosas están cambiando, que nosotros –nosotras- estamos cambiando… nos estamos permitiendo revisar lo aprendido..

Muchas veces, solo podemos darnos cuenta de que algo no anda bien recién cuando el cuerpo nos pasa factura… de a poco, estamos aprendiendo a observarnos, a escucharnos antes de que el síntoma aparezca… a poner en palabras lo que tenemos guardado, lo que nos hace ruido, lo que nos daña, aquello que nos oprime, que no nos representa, que nos anula, que no nos deja lugar ni forma de expresión…

La búsqueda  del modo personal que nos defina en cada área de nuestra vida, en cada momento de ese tránsito por la vida, implica revisarnos en nuestras creencias, valores, prejuicios… en las etiquetas que ponemos a otros, que dejamos que nos pongan y en las que nos ponemos a nosotros mismos, nosotras mismas..

Este proceso de desaprender lo aprendido, deconstruir las bases sobre las cuales nos construimos –o nos construyeron- implica soltar no solo creencias y mandatos sino también soltarnos a nosotros mismos, nosotras mismas, en nuestras antiguas formas… es algo así como vaciar el equipaje, hacerlo más liviano, asumiendo que ya no vamos a volver a usar muchas de esas antiguas ropas…

Este proceso solo puede ser iniciado observándonos, observando cómo somos como observadores

Es decir, el primer punto es darnos cuenta desde que lugar observamos lo que nos pasa, lo que vemos, a los otros, a nosotros, nosotras y entender que no hay una única mirada o realidad que podamos dar por cierta, sino que hay tantas como observadores observando… observadores que, a su vez, no van a estar observando siempre del mismo modo…

Entendernos en esa variable de miradas diferentes que, a su vez, cambian todo el tiempo, nos conecta con el primer punto a desandar… aquello de la única e incuestionable verdad.. aquello de la razón puesta de un lado o del otro…

El segundo punto a revisar  es observarnos en cómo contamos lo que nos pasa, lo que pensamos, lo que sentimos…  en cómo nos contamos a nosotros/as mismos/as, en qué nos decimos de nosotros/as, qué decimos de los otros, de lo que nos rodea, de lo que nos pasa…

Es decir,  antes de revisar el bagaje que traemos, es necesario cuestionarnos como observadores..  y hacernos preguntas que nos ayuden a darnos cuenta de cuál es el modo en el que observamos…

Desde qué lugar miramos nuestra vida?

Desde qué lugar miramos a los demás?

Qué filtros, prejuicios, valores, ponemos en esa mirada?

Qué nos decimos de lo que vemos?

Cuánto de lo que nos dijeron sobre nosotros, nosotras, nos seguimos repitiendo?

Probablemente, después de ser honestos, honestas, en estas preguntas, vamos a poder preguntarnos si el trabajo que tenemos es el que queremos tener… si estamos en pareja porque amamos a esa persona o si simplemente tenemos miedo de quedaros solos, solas.. o estamos cumpliendo con el mandato de tener una familia… si vivimos en el lugar que deseamos, si nos dedicamos la cantidad y calidad de tiempo que nos gustaría dedicarnos… qué hacemos con el tiempo.. hacia donde estamos yendo… qué estamos buscando… qué propósito le da sentido a nuestras vidas.. en fin..

Si somos felices o simplemente estamos siendo chicos buenos, chicas buenas…