Esta semana, la propuesta es invitarte -invitarme- a soltar la queja, a abandonar ese lugar en el que nos convertimos en espectadores de una realidad que no nos gusta y respecto de la cual -por lo que sea- nos sentimos impotentes para modificarla..

Hemos transformado a la queja en tema de conversación de ascensores, encuentros casuales, conversaciones con otr@s a los que hacemos aliados de pesares compartidos… y nos lamentamos por el clima, por el país, por los gobiernos, por la economía…

Pasamos -sin solución de continuidad- del todo bien a la queja reiterada y nos instalamos, en ambos casos, en lugares en los que no hay consciencia, realidades en las que estamos ausentes, vidas que transcurren sin que seamos protagonistas…

Soltar la queja implica adueñarse de la responsabilidad sobre la propia vida, lo cual nos conecta con la libertad de poder hacer con ella lo que sea que se nos ocurra, entendiendo que en cada construcción en tiempo presente estamos generando la causa del momento siguiente..

Entendernos autores de nuestro destino es cambiar el punto desde el cual miramos lo que nos pasa, asumiendo que tanto lo bueno como lo malo que viene a nosotros es aquello que sabemos generar.

Esta comprensión profunda nos interpela a eliminar la queja por esas cosas que parecen suceder sin que exista posibilidad de injerencia alguna, nos conecta con nuestro don creador y nos lleva al estadio siguiente: el de la gratitud

Soltar la queja nos libera de la prisión en la que nos encierra la vieja idea que pone la responsabilidad afuera, que nos dice que no se puede, que no hay cambio posible, que para qué…

Soltar la queja nos abre la puerta de un mundo en el que todo es posible si somos capaces de desearlo, planearlo y llevarlo a cabo… un mundo que nos tiene por protagonistas y en el que solo resta agradecer…