En los últimos tiempos la palabra ¨deconstrucción¨ se ha transformado en una de las más usadas; se convirtió en algo así como un accesorio que todos -en mayor o menor medida- queremos tener en nuestro haber, aún sin saber muy bien de qué se trata el asunto…

Sabemos que no estar deconstruid@s -así sin género- es atrasar mil años en la historia de la evolución humana, pero no tenemos ni la menor idea del alcance que la tan mencionada ¨deconstrucción¨ tiene en nuestras vidas, en nuestra forma de ver el mundo, de vernos y de ver a otros, en el modo de vincularnos o distanciarnos.

Deconstruir es sacar cada una de las piezas que forman nuestro sistema de creencias, observarla – una por una- y luego de una toma de consciencia real con nosotros mismos, con nuestra interioridad, con nuestros deseos, con nuestra esencia en estado puro, libre de condicionamientos, ir rellenando cada una de esas piezas con el contenido que sea adecuado para nosotros hoy, en este presente que nos toca vivir y que es lo único que tenemos para modificar.

Así, cuando empezamos a rever cada una de nuestras partes, inevitablemente, revisamos -también- lo aprendido, las formas adquiridas, los preconceptos que acarreamos, los prejuicios que llevamos de lastre, el modo de ver el mundo y de pensarlo…

Por eso, cada vez que hablamos del modo en el que nos vinculamos con otros, se impone revisar cuanto fuimos capaces de rever y cuanto seguimos cargando sobre nuestras espaldas.

Muchas veces, a la hora de entablar relaciones afectivas de pareja, nos damos cuenta que caemos siempre en los mismos formatos, que nos pasa siempre lo mismo, que nos repetimos y le echamos la culpa al otr@, al destino, a la mala suerte…

Sin embargo, no vemos que somos nosotros los que repetimos siempre el mismo patrón y por eso nos pasa siempre lo mismo.

Tinder -o cualquier App de citas- está llena de hombres y mujeres que aparentemente buscan pareja y -sin embargo- no hacen más que quejarse de la falta de gente disponible para poder entablar una relación.

Porque, claro está, el problema siempre está afuera…

Ellos -en medio de esa sensación de ¨cuanta mina que tengo¨- dicen que ninguna vale la pena y ellas -inmersas en el reiterado ¨son todos iguales¨- afirman que no hay caso, que no hay hombres…

Hablo del universo heterosexual porque es el único que conozco, porque es la parte del mundo en la que -por lo menos, por ahora- observo y me observo.

El caso es que, en el medio de los dos extremos, unos y otras vamos y venimos sin animarnos a mostrar quienes somos realmente, qué queremos de verdad, que nos pasa, qué sentimos, a qué le tenemos miedo y nos llenamos de excusas, de palabras vacuas que se escriben sobre un fondo de fotos en las que se nos ve increíblemente felices.

Y vamos y venimos.

Nos metemos en Tinder, confirmamos que no vamos a encontrar lo que buscamos, abandonamos el intento y seguimos dando vueltas, entendiéndonos cada día mejor con nuestra soltería…

Porque seamos honestos, nadie quiere estar sol@ pero quien se acostumbró a llevarse bien con su propio soliloquio y a comer a solas con sus miserias, difícilmente esté dispuest@ a compartir la vida según los parámetros aprendidos en relación a qué es ser pareja.

Y, ahí vuelve a aparecer la famosa deconstrucción…

Si no logramos desandar el camino que nos trajo hasta acá, si no podemos darle nuestro propio contenido a cada una de las palabras que usamos, si no somos capaces de definir qué tipo de relación queremos tener con otr@ y decirlo -evitando caer en el lugar común de la complacencia para el oído ajeno-, si no nos animamos a mirarnos y a aceptar lo que sea que encontremos y luego, asumirlo para hacernos cargo, seguiremos pasando la vida -o la vida nos seguirá pasando- afirmando que somos muy cool, que estamos muy deconstruíd@s, que tenemos todo muy claro y que el problema es que no hay gente que valga la pena…

Y seguiremos sol@s repitiéndonos las mismas mentiras y cumpliendo las mismas profecías…

Solo cuando seamos capaces de entender que somos lo bueno y lo malo que nos pasa y que en nuestras luces y sombras está la clave para descifrar el acertijo, estaremos en condiciones de ver cuanto tiene el universo destinado para que logremos nuestros deseos y encontremos lo que buscamos….

Es solo cuestión de animarse a atravesar la oscuridad de nuestras propias sombras y asumir la responsabilidad de lo que somos capaces de crear.