Las mudanzas provocan estrés. Es real.

Sin embargo, cuántas veces nos detuvimos a pensar cuántas cosas se esconden detrás del estrés de una mudanza?

La mudanza es un proceso que se inicia, incluso antes de tomar la decisión efectiva y contundente de mudarse de casa y que esconde un sinfín de motivos, pensamientos, razones que fuimos acumulando, ordenando, procesando de determinada manera, hasta que -finalmente- un día tomamos la decisión de llamar a una inmobiliaria y poner nuestra casa en venta.

Todo ese proceso previo a la toma de decisión, tuvo un coqueteo previo con distintas alternativas, con alianzas en uno u otro sentido, hasta que, llegamos a la conclusión de colgar el cartel, poner un precio y prepararnos para recorrer ese camino repleto de visitantes que miran nuestra cama, abren nuestros placards, halagan nuestras plantas y luego se van, para que pasen otros…

Cada mudanza esconde un motivo. A veces es un empezar de cero, otras una ampliación, algunas, es un volver a empezar…

Cada motivo, está teñido de un millón de emociones diferentes que nos alborotan el alma con sensaciones de diverso color, de diferente carácter y matiz, y muchas veces, contrapuestas.

Estar de mudanza es transitar un proceso en el que un día amanecemos deseando que aparezca un comprador para, por fin, irnos a otra parte y otro, nos quedamos con la mirada suspendida mirando un rincón de esa casa que nos ha dado cobijo durante mucho -o poco- tiempo.

Estar de mudanza es asumir que llegamos a un punto del camino en el que queremos cambiar de lugar y sabemos que ese cambio, si no cambiamos nosotros, va a ser solo un cambio de figuritas que nos va a traer frustración, postergación y pérdida de dinero; con lo cual, decidir una mudanza es saberse poseedor de un cambio interno al que solo le falta otro escenario para poder desplegarse con las alas bien abiertas.

Las mudanzas se parecen bastante a los nacimientos pero, a diferencia de éstos, vienen acompañadas de una muerte, por eso, tienen algo de duelo.

Igual que en los embarazos, uno suele desear tener un bebe, luego transita el embarazo y finalmente, hay un nacimiento. Es un proceso que, en general, suele darse en tres estadios, aunque nos quedamos anclados en el resultado.

En las mudanzas también hay un primer momento mental, un ir y venir hasta que se toma la decisión, luego un proceso de tener la casa en venta y de buscar otra y, finalmente, una mudanza concretada. Sin embargo, solemos quedarnos con la mirada puesta solo en este último tramo, esos días de locura, embalaje y escritura…

Con cada mudanza nacemos a la vida en un nuevo lugar y dejamos atrás el anterior. Ese terminar y empezar, morir y nacer, esa especie de duelo tiene una connotación que solemos obviar, que tapamos en el trajín de la cantidad de cosas que tenemos que hacer y resolver… Y, entonces, embalamos, compramos, vendemos, vamos y venimos y no nos detenemos a sentir toda esa revolución que provoca revolver el pasado y levantar la cabeza para mirar el futuro.

Estar de mudanza es estar atrapado por una revolución energética en la que confluyen fotos que nos hacen llorar de emoción y otras que nos enfurecen, cartas que nos emocionan y objetos que tiramos… es un proceso que nos conecta con lo que guardamos durante mucho más tiempo del necesario y con lo que perdimos…

Estar de mudanza es animarse a conectar con el proceso que se esconde detrás de ese cambio de escenario, es permitirse recordar quienes éramos y mirar quienes somos para pensar en quienes queremos ser, es animarse a tirar lo que ya no sirve, a hacer las paces con lo que pasó para empezar otra etapa con el alma liviana…

Estar de mudanza es, también, permitirse la ilusión y la pena; la contradicción que genera la ambivalencia entre lo que uno desea y lo que uno vivió, e inevitablemente, forma parte de quienes fuimos y permite la alquimia de ser quienes somos.

Estar de mudanza es estar ilusionado, en un momento de plena apuesta al futuro y a la vez, tener el coraje de hacer balance de lo vivido, de mirar los rincones que nos cobijaron, de empezar la despedida de esas calles que -quizá- no volvamos a caminar, de esos vecinos que -tal vez- no volvamos a ver…

Estar de mudanza con valentía es desafiar al estrés y a la hiperactividad para conectar con el ciclo que estamos cerrando, con lo que vivimos, con los atajos que no tomamos -o sí-, con lo pendiente, lo inconcluso, lo que ya no sirve, lo que no queremos más… es asumir el riesgo de tomar una decisión que puede ser equivocada, es animarse a apostar, es atreverse a construir el futuro que deseamos, es no conformarse, es asumir que estamos de paso, que somos tránsito, que es ahora o nunca.

Estar de mudanza tomando consciencia del proceso es permitirse revolver todo lo que aparezca, es dejarse atravesar por las emociones y los recuerdos, es seleccionar minuciosamente con qué nos vamos a quedar y qué vamos a tirar, es mirar atrás, hacer las paces con el pasado que nos trajo hasta acá y decidirnos a escribir la historia que tenemos pendiente…