En esto de querer y ser queridos -querernos-, quienes no hemos logrado permanecer ¨toda la vida¨ con la misma persona repetimos patrones similares que se reproducen una y otra vez, replicando formas en las que nos reiteramos.

Somos, muchas veces, una especie de eternos deambulantes que caminamos una y otra vez calles parecidas sin lograr llegar -pareciera que nunca- al destino que creemos buscar.

Quienes hemos transitado la vida compartiendo fragmentos de ella con diferentes personas, y con ello, buscando en cada nuevo amor el antídoto que calme el antiguo ronroneo que habita nuestra alma, compartimos algunas letanías que se reiteran.

Somos, muchas veces, el mismo cuento repetido -contado con distintos nombres- cuyo final ya conocemos aunque, con diferentes excusas, lo reinterpretamos una y otra vez creyendo que, casi por obra de algún tipo de milagro, cambiar el nombre de los personajes nos va a llevar a resultados diferentes.

No nos animamos, no sabemos, no podemos, no queremos, encontrar la causa que da origen al mismo efecto repetido. Repetimos causa y efecto y nos repetimos.

Nos cuesta ir a fondo con nosotros mismos, con nuestros reales impedimentos, con aquellas viejas heridas a las que -muchas veces- no nos atrevemos, siquiera, a buscar… nos cuesta asumir el origen, los motivos reales, que hoy nos hacen fracasar… nos reiteramos en relaciones que se basan en vicios similares y a las que pretendemos diferenciar con una intervención meramente estética, que por lógica, antes o después, decanta..

Uno de los errores que cometemos con frecuencia es estancarnos en aquello que sabemos que no funciona… comprar una y otra vez, el mismo billete para participar de un sorteo que, sabemos de antemano, vamos a perder… asistir a la misma obra de teatro pensando que el final va a ser diferente.

Usamos un arsenal de explicaciones, inventamos un millón de excusas y nos reiteramos una y otra vez…

Permanecemos en lugares que nos hacen mal, nos decimos que no podemos vivir sin la otra persona, vamos turnándonos en la asiganción de responsabilidades, culpas y posteriores reparaciones, nos vamos y volvemos, dejamos ir y volvemos a recibir…

Nos embarcamos en relaciones que debieran tener un punto final muy anterior a la infinita secuencia de puntos suspensivos que dibujamos una y otra vez, nos quedamos en lugares que no nos hacen bien, nos prometemos que las cosas van a cambiar hasta que, finalmente, un día -por algún motivo- la relación termina.

Y empezamos un duelo que cada quien transita como puede y del que cada cual sale a su manera… a veces, el dolor se antestesia en otros cuerpos, a veces se digiere a solas en largas noches de insomnio…

Y llega el momento en el que le damos vueltas a lo que no fue, a lo que no salió… lo analizamos de un lado y del otro, buscamos explicaciones que nos calmen la angustia, dibujamos justificaciones que nos suavizan la tristeza, empezamos con la repartición de culpas y responsabilidades, haceos interminables notas mentales con pedidos no oídos, necesidades no satisfechas, sacrificios hechos en aras de la relación o del bienestar del otro, nos sentimos a veces culpables, otras unos idiotas sin remedio, rumiamos los recuerdos como si con eso pudiéramos ganar algo…

Hablamos con amigos, repetimos la historia cuando contamos nuestra historia en otras primeras citas, le agregamos o sacamos detalles para acomodarla a una versión aceptable de lo que queremos escuchar y seguimos andando… y, un poco, nos quedamos en cada final, en cada historia que no fue y se llevó una dosis de esa ilusión que -a veces- se nos antoja casi volátil.

Repasamos los detalles de aquello que no es, no lo dejamos ir… buscamos justificaciones para no soltarlo… nos debatimos entre lo mal que nos hizo y lo mucho que aprendimos… lo llevamos a cuestas, lo hacemos nuestro, nos pertenece…

Nos cuesta entender que lo que no es, lo que no fue, tiene su propia forma… su propio límite en ese principio y final que lo determinó…su propia existencia en esa negación de lo que quisimos que fuera y no fue.

Lo que no es no nos pertenece. Simplemente, no es. Es hora de dejarlo ser.