Mucho se viene hablando últimamente respecto de los estereotipos.

Tanto los de género como todos los demás, provocan diferentes formas y grados de malestar en quienes sienten o perciben que no encuadran en esas formas o características que la sociedad tiene preestablecidas como ideales en los cuales encajar.

Estereotipo (palabra que viene del griego “steréos” que significa sólido y “typos” que significa impresión – molde ) es la percepción exagerada y simplificada que se tiene de una persona o grupo de personas que comparten características, cualidades y habilidades.

Es un molde fijo…Cada sociedad, según sus prejuicios socioculturales e ideología establece cierto modelo a seguir en relación a conductas, características físicas y expectativas de toda índole, estableciendo, de este modo, patrones uniformes y preconstituídos respecto de cuál es el modelo ideal a seguir.

Estos esquemas son tan rígidos que, obviamente, no contemplan la enorme variedad de características, situaciones, necesidades, aspiraciones, deseos, habilidades y condicionamientos que tenemos las diferentes personas.

De modo tal que, en principio, resulta imposible encajar en el estereotipo ideal durante toda la vida. Nadie logra ser hij@ ejemplar, estudiante destacado, profesional exitoso, de buen aspecto físico, heterosexual, con una familia tipo bien constituida, toda la vida…

Mucha gente siente que nunca encaja en ningún esquema, lo cual provoca malestar, problemas de autoestima y sensación de falta de adaptación al medio.

Muchas mujeres sufrimos diferentes tipos de violencia por no encajar en los estereotipos de género que se nos imponen desde el viejo orden patriarcal y, por otro lado, todas las personas que – por cualquier motivo – no encajan en los ideales prefijados, suelen ser víctimas de actos, hechos o palabras discriminatorias.

Ambos casos son graves y debemos seguir levantando nuestras voces para que la sociedad sea más inclusiva, más flexible y abandone las viejas estructuras patriarcales que ya no se adecuan a la realidad.

Pero existe también otra realidad: la de quienes van cumpliendo con cada expectativa prevista, encuadrando -por lo tanto- en estereotipos socialmente preestablecidos como positivos y logrando incluso, en determinado momento de sus vidas reunir todas las características que la sociedad espera del ciudadano perfecto promedio.

Siguiendo una lógica lineal, estas personas, al conjugar todos los parámetros de lo esperable, deberían ser plenamente felices. Sin embargo, nos encontramos con muchísimas personas que – llegado este punto- solo sienten insatisfacción y vacío.De modo tal que, estos estereotipos nos presentan una trampa mortal: como son modelos uniformes, impersonales, que no contemplan las especificidades de cada ser humano, sus talentos, sus dones, su entorno, sus potencialidades, sus debilidades, sus deseos, resultan fuente de malestar tanto si uno no encaja en ellos como si logra hacerlo.

Resulta agotador y una fuente inagotable de insatisfacción para con uno y para con los demás acomodar nuestras vidas a estos esquemas de cómo se debe ser mujer, hombre, padre, madre, hijo, hija, amigo, amiga, estudiante, trabajador, profesional… en fin, la lista es tan interminable como la cantidad de expectativas a cumplir y mandatos a seguir…

Sin dudas, no es fácil asumir que no se encuadra en algún estereotipo y sufrir violencia, maltrato o discriminación por ello; pero, tampoco es fácil animarse a salir de la zona de conford que genera saber que uno “está haciendo las cosas bien” porque está cumpliendo con todos los mandatos…

Esto último implica asumir que, quizá, uno armó una vida entera en función del cumplimiento de patrones que no provenían de una elección real sino del cumplimiento de mandatos.

Llegado este punto, cabe preguntarse si el estereotipo al que respondemos está en armonía con lo que nosotros deseamos para nosotros mismos, y si no fuera así, nos queda el maravilloso desafío de descubrir qué deseamos para nuestras vidas… puede, incluso, que tengamos que aprender cual es el significado del verbo “desear” porque, probablemente no lo tengamos entre los más usados…

Quienes hemos encajado perfectamente en el patrón del modelo ideal y hemos necesitado romperlo para empezar a transitar otra etapa de nuestra vida, sabemos cuán difícil resulta construir el molde a la medida de uno mismo, cuán largo es el camino y cuánto tiempo lleva…

Sin embargo, suele ser, a mi modo de ver, el único modo de transitar una evolución real que nos permita conectar con nuestra identidad verdadera.

Ojalá que esta pandemia, el tiempo de encierro, la incomodidad de salir de esa vida armada que, mejor o peor, nos daba un marco de seguridad, nos genere la posibilidad de mirarnos en perspectiva y preguntarnos por nuestros deseos reales.

Y, seamos entones, capaces de deconstruir los mandatos que nos trajeron hasta acá y construir nuestras propias reglas, esas que, desde un lugar de libertad, de mirada profunda hacia nosotros mismos nos permitan elegir quienes queremos ser y cómo queremos vivir.